domingo, 7 de septiembre de 2008

Cortez a fin de cuentas (aunque me sienta más Toledo)

No puedo quejarme del día, supongo. O sea, nada malo pasó; cero presión y al menos por una vez, las lecturas de la semana no me dieron dolor de cabeza ni angustia anticipados (de hecho, caí en uno de mis modos fanáticos y fuera de lo de Mike, ya leí todo lo de la semana). Fue con la Nina y la Caro al Parque Bicentenario y me entretuve un rato con los cisnes, el conjunto folclórico, los juegos típicos y la Caro arriba del toro mecánico XD(sí, sí, sí ya sé que no me debería haber reído, ¡pero ya lo hice!).

Pero con todo eso, y a costa de un enorme cambio temático, no puedo evitar preguntarme cuál es la gran idea detrás de ignorarme durante casi 11 años al hilo, aparecer repentinamente luego y más tarde decidir que es hora de incluirme en las reuniones familiares. Claramente tiene que ver con el apellido, pero sigo sin verlo como una razón de peso y, durante mucho tiempo, ellos tampoco.

Me estoy adelantando. Ni siquiera sé si esa era la intención de la llamada de esta mañana (no tan mañana en realidad), pero tanto la insistencia (sonó mi celular, el de mi mamá y el teléfono de la casa) como la poca información salió de la boca de la Dani (mi hermana) sobre mi abuela y tía en la casa, me dan fuertes motivos para sospecharlo. Tal vez sólo era para decirme feliz cumpleaños y yo estoy viendo cosas donde no las hay. No sería raro; cada vez que entro en contacto con ellos, por muy relajada que sea la conversación, estoy el triple de alerta a mi alrededor y conciente de que lo hago o digo, de lo que lo estaría bajo otras condiciones. Siento la obligación de ser amable aun cuando no tenga ganas de ello; algo que ya me ha pasado la cuenta más de una vez.

No dejo de sentirme hasta cierto punto agredida. Creo que ser ignorada nunca me afectó tanto como esto. Ya me cansé de intentar sentir cosas que no puedo y sentirme culpable por eso.
Life was so much simple before turning 13...

1 comentario:

  1. Comparto el rollo con los Araya. A mi padre, creo, con todas sus Gendo-embarradas, puedo llegar a perdonarlo, porque, bien en el fondo, lo quiero y lo nececito. Ok, me sinceré.

    ....pero con el resto de la familia es otra cosa. Simplemente, ya me sentí incomodo una vez, precisamente a los 13 años, en una reunión "familiar", donde, paradójicamente, tu familia no es en verdad tu familia. A veces, un mejor o mejor amiga puede ser la hermana o hermano que echaste en falta. Es mi caso.


    La familia va más allá del apellido. Incluso, que la sangre...

    Nos vemos!

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