domingo, 14 de diciembre de 2008

Motivos para ser la bruja del cuento

Una niña que escucha Caperucita roja, Blancanieves, o Cenicienta, por poner un ejemplo, aprende pronto que para ser una verdadera mujer debe ser pasiva, guapa, joven, de raza blanca y abnegada… Y si escucha la versión de Disney, por si fuera poco, aprenderá muy pronto a tener una permanente expresión de admiración, con una figura casi anoréxica y un poco comatosa. Eso sí, si a lo largo de la infancia la niña insiste en ser una mujer de verdad, entonces por ser pensante, activa e independiente no tendrá más remedio que identificarse con una bruja, y la factoría Disney la representará como a una vieja malvada, egoísta, fea y destructiva.

Nora Rodríguez. ¿Qué Tiene Ella que no Tenga Yo?


Ciertamente su reputación no es de las mejores, pero entre una ingenua y frágil princesa que no tiene más talento que el de lavar platos y a la que el príncipe tiene que estar rescatando página por medio, y una poderosa hechicera capaz de causar desastres naturales, cambiar su forma y la de otros a voluntad, atravesar los cielos y cuyo sólo nombre es capaz de infundir temor en cientos de corazones, no es muy difícil tener una cierta preferencia por la segunda opción. Calculadoras y maquiavélicas como ellas solas, las brujas tienen un encanto, un carisma y una fuerza muy difíciles de igualar. No es que andar por la vida obsesionada con el poder y tramar crueles venganzas sea un ejemplo a seguir, pero la entrega que ponen a la hora de conseguir sus objetivos, derribando cuanto obstáculo se les ponga en el camino para conseguirlos si es algo admirable.

Las damiselas en peligro, no es que disfruten de ser victimas (por lo menos no concientemente), pero en muchos sentidos ellas mismas se lo buscan, ya sea porque por uno u otro motivo decidieron ignorar las obvias señales de peligro o simplemente por que no mueven ni un dedo para cambiar su situación. Por muy lindas, cariñosas y encantadoras que sean, personajes con ese perfil no ofrecen mucho campo de acción, salvo el de crear un problema del que alguien más tendrá que sacarlas, posición bastante cómoda por lo demás. El único “beneficiado” es el héroe de turno que tendrá la gran oportunidad de realizar una increíble y noble hazaña, y no sería nada raro que el clásico dragón custodiando la torre estuviera involucrado en ella. Y hablando del dragón, ¿cuál es exactamente su función? ¿Esta siendo participe de la desgracia de esta pobre mujer o más bien está cuidando que no llegue y la “salve” cualquier inútil? Porque ya está visto que ella sola es incapaz de manejar su vida.

Después de todo lo anterior, ¿cómo no va a ser seductora la imagen de una mujer que se niega a ser juguete del destino para ella misma mover los hilos? Además, por mucho que Disney se empeñe en afirmar lo contrario, no siempre son perversas. Quien haya leído La Sirenita de Hans Christian Andersen sabe perfectamente que la bruja del mar, que no tiene inclinaciones usurpadoras, le advierte a la protagonista las consecuencias y peligros de su transformación humana e incluso le dice lo tonto de su elección. ¿Y qué es un hada madrina sino una bruja buena? Lo que si tienen todas es que nunca dan explicación de sus actos a nadie y sólo actúan de acuerdo a su propio capricho. Bueno o malo, eso depende de quien lo mire.

Pero ya fue mucho de hablar de brujas, ¿por qué no mejor ver a una? ¿Y quién mejor que Elphaba (Wicked), la espectacular Bruja Mala del Oeste interpretada por Idina Menzel?

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