sábado, 3 de enero de 2009

Hola 2009

Ya es un tanto tarde para una entrada dándole la bienvenida al tan esperado 2009, pero no por eso quiero dejar de hacerlo. La verdad lo hubiera hecho mucho antes de no ser porque la pantalla de mi querido computador no encontró nada mejor que morirse poco días después de Navidad… Sigo sin pantalla, ¡pero para eso están las laptop! XD. Así que con este computador protegido hasta por si las dudas y mi hermana con un millón de prohibiciones en relación a Internet, vuelvo a mi querido blog.

De vuelta al tema de este post, tuve un excelente final de año y un igualmente buen comienzo de año. Aunque un poco inesperado al final.

Como de costumbre lo pasamos fuera de la casa, pero está vez repartidos en el tiempo: primero a la casa de la señora Rosaura para que nos dieran las doce entre la familia de mi hermana y luego en el auto del Carlos a la casa del tío Ramón, hijo, donde todo el resto de familia estaba. Llegamos al pasaje sin muchos problemas, pero no había numeración a la vista. ¿Perdidos? NOOOOOOOOOO:

Carlos: Te dije que no era.

Mamá: El furgón estaba afuera.

Yo: Ya, sigamos buscando noma’

Carlos: ¿No será al otro lado? Es pasaje doble.

Yo: Ta’ muy tranquilo pa’ ser acá.

Mamá: Ya, vamos.

Carlos: ¡Pero caminen!

Mamá: ¡Estoy caminando! ¡Ando con tacos!

Carlos: ¡A ella no más se le ocurre!

[apenas llegando a la vuelta se empieza a escuchar una música bastante fuerte y ya al frente de la casa la cosa parece disco]

Yo: ¡Llegamos!

[cosa que confirman las serpentinas y challas tiradas a la entrada de la casa y en buena parte de la calle]

Carlos: Y esta fue la pura familia Alvarez.

Mamá: Jeje…






Sip. ¡Esa es mi familia! Fiestera y buena para tirar la casa por la ventana cada vez que hay reunión familiar. Y loca y todo no la cambio por otra.

Después de eso, y de haberlo pasado “malito” durante la noche, otra reunión familiar me esperaba ese 1º. Aparentemente se ponen de acuerdo para estas cosas y se hacen sí o sí aunque una todavía haya estado recuperando el sueño del cambio de año y se avise que se va a hacer en el mismo día. Así que antes de que me diera cuenta tenía en el comedor a mi papá, el Matías, la Dani, y el hermano que me faltaba por conocer, Isaías, un gordo de lo más adorable, tranquilo y risueño que hay.


Claramente me agarraron por sorpresa, pero dentro de todo no estuvo tan mal.


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