viernes, 11 de junio de 2010

Aprendiendo a mirar

Lake Louise in Morning Light by EvaMcDermott (deviantart)

A ratos realmente tiendo a perder la perspectiva. No que no sepa de donde vengo o hacia donde quiero ir. Eso lo tengo sorprendentemente claro para alguien que tiende a planteárselo todo una y otra vez. Si hasta he llegado a creer que pienso y luego siento. Pero no es ni el espacio ni mis metas las que pierdo de vista, es a misma. Basta un pequeño desnivel o piedra en el paisaje para que mi atención se quede ahí y ya no sea capaz de ver nada más. Ahí es cuando la maldita y eterna perfeccionista que vive en entra en pánico.

Soy experta en fijarme en los detalles, pero a veces fuerzo tanto la vista en ellos que la imagen que me llega de vuelta es una completamente distorsionada. Tengo que dejar de hacer eso, me fríe el cerebro (lo que va quedando a estas alturas del semestre y de la carrera). Cuando estoy así no logro ver nada realmente. Haciendo eco a la profe de India, me esfuerzo tanto en ver el fondo del lago, que al final lo único que consigo es perturbar el agua y desvanecer la imagen. Pero si me quedo tranquila y permito que todo se calme, no solo puedo ver el lago en su totalidad, sino también el cielo reflejado en él. Ante la imagen total, la real, cada piedra es sólo un detalle dentro de todo el paisaje. Es la suma de todos y cada uno de los detalles, no uno solo de ellos, lo que le da su forma y valor. Aun las piedras pueden ser bellas cuando forman parte de un todo.

Toda bruja necesita un buen espejo; eso es más importante que cualquier escoba o caldero. Y honestamente, no creo que haya mejor espejo que el agua en calma.

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