jueves, 15 de diciembre de 2011

Rituales de fin de año


Mientras uno de los extremos de la mesa del comedor hace las veces de oficina, el otro y la parte central están convertidos en centro de madres. En el primero, Carlos revisa mails, redacta mails, revisa planillas de Excel y hace malabares con los números mientras cuenta cuidadosamente permisos de paseo de curso. En la otra orilla mi brujis madre tiene todo dispuesto para ponerse a envasar sus alfajores y en el centro estoy yo, con la vista clavada en un patrón de crochet y mis manos ocupadas con la lana y el ganchillo, aunque igual termino de call center de mi pobre casi padre, aún inexperto en el Windows 7 de su nuevo notebook.

Un rato más tarde chao compu y chao lana y palillo; estamos todos haciendo paquetes de dulces para el paseo de curso de mañana. Un coyac, cuatro dulces, cuatro masticables, cuatro frugelé, cuatro gomitas. Un coyac, cuatro dulces, cuatro masticables, cuatro frugelé, cuatro gomitas. Un coyac, cuatro dulces, cuatro masticables, cuatro frugelé, cuatro gomitas. Un coyac, cuatro dulces, cuatro... cuatro... oh oh... No que Carlangas no tenga memoria, sino que simplemente no recuerda que fue lo último que echó en bolsa... ¡y es que todos los paquetes de dulce y envoltorios se parecen! ¡Gracias navidad, con tu verde y rojo! De algún modo los paquetes quedan como deben y, entre risas, disculpas y comentarios de que las manos de hombre no saben envolver alfajores sin aplastarlos, termino mitad en lo mío, mitad ayudando a mi rulienta con su bolso.

Entre puntos, lazadas, cadenas, toallas y demás, oigo el típico pelambre de directiva: que unos se bajan del paseo a última hora, que otros se suben, que algunos todavía no terminan de pagar las cuotas, que más de la mitad todavía no lleva el permiso firmado... Y ahí es cuando no creo, sino que sé que mi familia tiene una fuerte veta masoquista. Odian la directiva, con uno de esos odios que salen hasta por los poros, pero ¿quiénes son los que siempre terminan de president@ o tesorer@? Sí, efectivamente. Aquí simplemente no aplica el que otro lo haga. Ya hemos pasado por eso y los resultados han sido más que desastrosos, ¡a nivel de curso! Si quieres que algo se haga bien... Y en esta familia somos expertos en eso, cueste lo que cueste. ¡Claro que hay una crisis nerviosa en el camino! O dos... o tres... puede que más de cuatro... ¿Pero que sería el fin de año sin el tradicional estrés de fin de año? No vamos a romper tradiciones anuales por tan poca cosa. Además, siempre sobrevivimos para reírnos luego.

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