sábado, 25 de febrero de 2012

¿Tanto costaba un post-it? ¬¬

Nada como volver relajada de unas agradables vacaciones en el sur de Chile... Lo más "estresante" que me tocó hacer ayer fue ir a dejar unas evaluaciones donde mi jefa y buscar un regalo para una de mis amigas. Todo hecho con la mayor calma posible y cero tensión. Lindo, ¿cierto? ¿Por qué no iba a mantenerse? ¡Pero no! ¡Las cosas no pueden ser así! Nada más abrir la reja de mi casa se me arranca una de las perras... la alcanzo y la vuelvo a meter, pero nada más hacer el conteo perruno me doy cuenta de que hay dos cuando deberían ser tres... ¿Dónde está la escapista profesional? Oh, oh...

Soy la única en la casa y falta la correa de la Perla; las otras dos son de cachorro, así que cero opción que quepa... ahí quedó mi plan de llevarme a las dos que quedaban en mi cacería. Mientras busco por todas partes la correa y luego encierro a las peludas en la pieza para evitar otros escapes, llamo una otra vez al celu de mi rulienta para ver si la correa falta porque la escapista anda con ella y la Nina. Obviamente nadie me contesta... Salgo a la calle con la correa en una mano y el celu en la otra. Dos cuadras de miradas para todos lados después, por fin me contestan. ¡Sí! ¡La tienen ellas! Se la llevaron por miedo a que, una vez más, creara una salida alternativa y se arrancara mientras no había nadie. Lo de la otra cachorra fue pura desesperación de que no la sacaran a ella también y no saber dónde estaba su heramana...

¿Era mucho pedir un mensaje de texto, una nota,  un post-it, o señales de humo por último? ¡¿ALGO?!

2 comentarios:

  1. Tsss, siempre detestaré que hagan eso, que lleguen, dispongan y ni siquiera avisen para que una no se preocupe. En fin, lo bueno es que todo ha quedado en un susto

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    1. Por suerte. Mi hermana quiso llamarme, pero mi abuela no la dejó por miedo a que yo contestara en la calle ¬¬

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