domingo, 17 de febrero de 2013

¡Llegó Batman!


Esas fueron las palabras exactas con las que un amigo me avisó que su sorpresa de cumpleaños ya estaba en Osorno. Y con las que de paso casi me deja sorda. Aunque tomando en cuenta que ESE era el tipo de reacción que yo buscaba, supongo que realmente no tengo derecho a quejarme. Conseguí lo que quería: obtuve confirmación auditiva de que Batman no se hallaba desaparecido en acción (una preocupación no menor) y la sorpresa para el hobbit fue sorpresa. Resultado: cumpleañero de 26 chocho como niño de 5. ¿Qué más se le puede pedir al crochet?

sábado, 2 de febrero de 2013

¿Qué pasó con las tres B?


Como hija del bueno, bonito y barato, me cuesta mucho entender a la gente que es capaz de gastarse todo el sueldo, o muchas veces plata que NO tiene, en cosas que en estricto rigor no son de vida o muerte. Aún así, la situación de la foto pasa, y pasa mucho. A veces, la necesidad de sentir o aparentar un cierto estatus y acceso a las mismas cosas que todos, es más fuerte que todo el sentido común y las deudas del mundo juntos. Pero... ¿las mismas cosas que todos son realmente las mismas cosas que todos? A mí me da igual que mi ropa y zapatos sean de marca. Mientras cumplan con las tres B, bienvenidos sean a mi closet. Obvío, si veo alguna cosa que me gusta mucho en un mall (y que sea útil), voy y la compro, pero en general no soy muy amiga de abusar de las tarjetas. El crédito está para facilitar la vida, no para convertirla en pesadilla. Si no lo puedo pagar, me da lo mismo en cuántas cuotas me lo den, NO Y PUNTO.

No hace mucho Carlangas necesitaba zapatillas deportivas y como su número es sólo un poco grande, terminamos de cacería familiar por todo Santiago. Costó encontrar un par que sirviera y no implicara la venta de varios órganos para pagarlo, pero finalmente se logró en uno de los tantos outlets recorridos. Ahora... ¿cómo es que por esos mismos lados vi a gente claramente humilde (díganme clasista y lo que quieran, pero se notaba) salir con tres o más pares de zapatillas en cada mano? Y no hablo de las "baratas" de $40.000-$70.000 que tanto escandalizaron a mi casi padre, sino de las de $100.000 hacia arriba. No es que esté en contra de que la gente se de un gusto, ¿pero tantas? Estamos hablando de zapatillas de las buenas, de esas que duran años y todavía más años. Pienso en seis pares y es inevitable que se me vengan a la mente todas las cuentas que se pueden pagar con eso. ¿Y ustedes que creen? ¿Será que soy yo la loca conformista adicta a Patronato y Estación Central?
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