miércoles, 21 de agosto de 2013

Ejercicio: ¿Obligación o compromiso?


Porque ya hacía mucho rato que esta bruja no le ponía ojo a su condición física. Creo que ni siquiera con los cuatro meses seguidos de gimnasio a principios de enero me preocupé lo suficiente. No se malentienda; nunca he sido una maniática de la actividad física, de hecho siempre fui la típica estudiante que le hacía el quite lo más posible al esfuerzo durante las clases de educación física (lo que es no darse cuenta de lo bien que hacen ¬¬), así que es poco probable que me vaya al extremo de vivir por y para el ejercicio, pero de que hace bien, hace bien, y tengo claro que no le saqué todo el partido que puede a esos meses.

Cuando me pongo a pensar en el porqué, creo que la clave radica en que en algún punto llegué a verlo como una obligación. A mi madre, le regalaron membresías de prueba para cuatro personas y como nos quedó gustando, toda la familia terminó inscrita por cuatro meses con acceso ilimitado a máquinas, clases, piscina, baño de vapor y yacuzzi. Todo un sueño y lujo, I know, y les saque el jugo a los dos primeros meses. ¿Qué pasó después? Sucede que aunque trabajo en un instituto de idiomas, no dejo de ser traductora freelance y por esos meses tuve una verdadera montaña de traducciones de libretos destinados a doblaje. Pero atentado a mi tiempo libre o no, el gimnasio ya estaba pagado, y con ayuda de convenio empresarial y todo, no ir no dejaba de ser plata de mi madre perdida, así que cansancio o no cansancio, a las instalaciones se dijo. Y así es como una actividad sana y en principio agradable puede llegar a convertirse en un acto completamente desmotivante.

Lo anterior no es para decir que estoy en contra de los gimnasios; nada de eso, pero siento que nunca deben convertirse en una obligación; ninguna instancia para ejercitarse debería. Claro, la actividad física implica querer estar bien y cuidarse, es decir un compromiso con un@ mism@ y con el propio cuerpo, pero aunque se vean parecidos, compromiso y obligación no son lo mismo. Una obligación es algo que viene dado desde afuera, algo que "obliga" a la persona a realizar una acción determinada. Un compromiso en cambio viene de adentro e implica dos cosas: acuerdo y voluntad. "Yo estoy de acuerdo en que esto es bueno para mí y quiero hacerlo". Sin eso es imposible comprometerse. ¿Y en que estoy yo ahora? Pues en los pasos y ajustes iniciales del compromiso. El jueves pasado comencé a retomar la actividad física y hasta acá voy bien. Claro, mi primera rutina de yoga fue demasiado después de tanto sedentarismo y sentí las consecuencias hasta el domingo, pero es parte del proceso y me sirvió para saber dónde estoy y con qué ritmo puedo tomarme las cosas. Ahora escribo después de una rutina de 20 minutos de cardio (y de la ducha) y debo decir que me siento bastante bien. Es agradable sentir que la sangre y la energía vuelven a moverse por el cuerpo, y esta vez no exageré. No sólo sé que esto es bueno para mí, lo estoy sintiendo ahora y eso me hace comprometerme con más ganas. Al final, esto no tiene nada de obligación. Es tiempo para mí misma y eso, es un regalo.

¿Ven como todo puede resultar más fácil con un pequeño cambio de perspectiva?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...