miércoles, 4 de septiembre de 2013

Unexpected rainbow

 

Se veía mejor desde el carro de metro, pero soy mala con las fotos en movimiento :P
Septiembre suele ser un caos para mí, pero también es mi mes de recarga y sin importar lo negras que se vean las cosas, sé que al final será un gran mes y que habrá luz por algún lado. Aunque solo sea un punto minúsculo. Los últimos meses han sido tensos a nivel familiar y honestamente ha sido difícil no contagiarse las malas vibras y alimentarlas en silencio hasta terminar con una bomba de tiempo. Supongo que la combinación de mi cerebro, mal acostumbrado a sobre analizar cada mísero detalle, y mi naturaleza introspectiva-retrospectiva tampoco ayudan mucho.

En eso estaba el lunes, con mis mañas de cabra chica orgullosa que se quiere salir con la suya como sea y mi tendencia a no decepcionar al otro. Ahí me veo: totalmente complicada por una discusión que ni siquiera fue mía (mi "querido" tío y sus metidas de pata monumentales con mi madre), mi rabia, las ganas de no odiar y la encantadora situación incómoda que todo eso me iba a tirar encima en una reunión familiar imposible de evadir. Intenté hacerle el quite hasta el último, pero un poco difícil decirle que no a un cumpleaños, sobre todo si es mío... ¿Cómo se lucha contra un "va a venir a tomar oncecita conmigo" de tu abuela?

Esa era mi linda nube de pensamientos mientras estaba metida en el metro, cuando al salir del túnel lo primero que veo por la ventana es un arcoíris, ¡y grande! Y bueno, fue agradable, tal vez no como para saltar en una pata, pero me gustó y se agradeció el respiro. Una oportunidad de que mi cerebro se callara un rato; eso siempre es bienvenido. La pausa sirvió para disfrutar de las pequeñas cosas y ver la foto grande desde otra perspectiva: los problemas no desaparecen, pero tampoco borran las cosas buenas. En este caso fue un arcoíris de carne y hueso (por ponerlo de alguna forma), pero creo que muchas veces tenemos cosas a nuestro alrededor que son pequeños arcoíris o aunque sea trozos de ellos y simplemente no las vemos por no querer dejar de mirar el negro. O a esta bruja le pasa por lo menos.

Finalmente, septiembre no deja de ser mi mes y si me quiere tirar un arcoíris, literal o metafórico, bienvenido sea.

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