miércoles, 8 de abril de 2015

Office for dummies: La generación del clic a distancia


¿Seré yo? ¿Los computadores poseídos del laboratorio? ¿O simplemente que la maldita tecnología de verdad termina por freír cerebros? Y si es lo último, ¿qué onda el mío, y el de todos los profes de traducción, que todavía está funcional? O eso creo. Aunque ya no sé por cuánto tiempo después de todas las guías a prueba de dummies que nos hemos mandado y todo lo que nos ha tocado ver a pesar de ellas.

¿Qué es lo que nos tiene al borde de esa mezcla de risa y llanto? ¿Los programas específicos de los ramos de traducción? Nop. Esos han dado sorpresas, pero las menos y relativamente bajo control (más que nada porque de apurones les da por saltarse pasos...). Ojala fuera eso, pero no; la gran pesadilla de este semestre se llama Office. ¡Office! ¡Sí! ¡OFFICE! Leyó bien. Uno creería que este tipo de cosas ya no pasan, o por lo menos no a la generación que creció rodeada de pantallas y teclados físicos y táctiles por todas partes, pero, sorpresa, pasan, y de una manera... A ratos llega a parecer que más allá de Facebook y Twitter nunca han tenido contacto con un computador. ¿Será que el acceso a todo (o casi todo) nada más presionar el mouse matan la curiosidad instintiva, capacidad de poner atención y el instinto de salir del problema sea como sea? Porque a la hora de pedirles que le dieran a un archivo .doc el mismo formato que el de su PDF original, nunca les quité el acceso a guías, PPTs de la clase o Internet; tampoco pedí nada que no hubiéramos hecho antes; lo único que les negué fue el cómo llegar al resultado final. Y había más de una forma (demostradas en la revisión en clases, ¡ja!). Era cosa de leer con calma, googlear si hacía falta, y experimentar un poco, meter mano; ¡eso era todo! El formato era perfectamente reproducible y la prueba está en que más de uno lo logró, el gran resto quedó a medio camino y me llamó a cada rato durante el control... pero al menos queda el consuelo de que trataron hasta el final (con mayor o menor suerte). El verdadero dolor de cabeza viene de los dos casos que colapsaron antes de los primeros 15 minutos y simplemente tiraron la toalla... Eso sí me preocupa. Porque una cosa es ser poco ocurrente o demorarse más en resolver un problema, y otra totalmente distinta el tener cero instinto de supervivencia académica, que a la larga es lo mismo que el suicidio laboral si no se ataja a tiempo.

Ay... no sé, tal vez le estoy dando demasiado color. Por lo menos me consuela saber que no fui la única profe con ganas de llorar a la hora de poner nota. Sí, soy mala persona, punto. ¡Y tengo todo el derecho a serlo! El viernes toca ver Excel... PIEDAD.

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